"I will bless those who bless you... and all peoples on Earth will be blessed through you." Genesis 12:3
¿Como Se Inició Cambio Interno?
En 1984 un joven Estadounidense llamado John Hayes descubrió una comunidad de refugiados Latinos y Camboyanos, muy necesitados, en el corazón de una zona de clase alta en el Sur de California, EEUU. Poniendo en practica el mensaje del Buen Samaritano él “bajó de su burro” para amar y atender a “los heridos” allí.
Con este acto de obediencia, se fundó lo que llegó a ser Cambio Interno – una comunidad de misioneros dedicada a vivir el evangelio como “palabra hecha carne” (Juan 1:14) en los barrios marginados del mundo.
¿Dónde Están Trabajando Los Equipos de Cambio Interno?
Cambio Interno tiene 50 misioneros de largo plazo y 8 aprendices (compromiso de un año) trabajando en 9 equipos en los siguientes lugares: Camboya, Rumania, Caracas (Venezuela), Londres (Inglaterra) y en los Estados Unidos (Los Angeles, Minneapolis, San Francisco). Futuros equipos se están preparando para: Guatemala, Sudafrica, Nairobi, y un país vecino de Camboya.
¿Por qué Una “Orden” Cristiana?
Dentro de nuestra herencia, agencias misioneras son generalmente fundadas como medios para cumplir la tarea misionera. En Cambio Interno, estamos estableciendo un medio diferente para la misión; una estructura que, en hecho, se ha probado durable por muchos siglos y abarca la vitalidad de nuestros tres enfoques.
Nuestro compromiso en las tres visiones (misionera, profética, y contemplativa), especialmente a la contemplativa, que por su naturaleza es muy fundamental, nos ha dirigido a enlazar la estructura y dinámica de una orden.
¿Qué Queremos Decir Con El Término “Orden”?
El uso de la palabra “orden” requiere aclaración. En Cambio Interno somos selectivos en la incorporación de los varios elementos de orden. Por ejemplo, aunque recibimos inspiración de las órdenes monásticas, nos ubicamos dentro de la tradición de las órdenes misioneras.
Más especificamente, para nosotros, una orden significa:
Vivir como misioneros en comunidad unos con otros y con los pobres.
Premiando la compañía de Jesús sobre la misma misión.
Seguir nuestro llamado al ministerio como un camino para la vida, no simplemente una tarea.
Hábil liderazgo (no solamente supervisión) por líderes siervos con autoridad espiritual.
Inspirados por valores distintivos y una teología de los pobres.
Dedicados a una vida de sencillez, obediencia y pureza.
Apoyados y renovados por una espiritualidad contemplativa.
De pié como una señal de justicia en un mundo de injusticia
La provisión de una preparación misionera integral que refleja que el misionero es nuestro recurso más valioso.
¿Por qué el Logo de las Tres Cruces?
Mensaje dado originalmente por John Hayes, Mayo, 1992
También llevaban a dos criminales, para crucificarlos junto con Jesús. Cuando llegaron al sitio llamado La Calavera, crucificaron a Jesús y a los dos criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. (Jesús dijo: "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen.) Y los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús. La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él, diciendo: "Salvó a otros; que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido."
Los soldados también se burlaban de Jesús. Se acercaban y le daban a beber vino agrio, diciéndole: "¡Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo!"
Y había un letrero sobre su cabeza, que decía: "Este es el Rey de los judíos."
Uno de los criminales que estaban colgados, le insultaba: "¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros!"
Pero el otro reprendió a su compañero, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que estás bajo el mismo castigo? Nosotros estamos sufriendo con toda razón, porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho; pero este hombre no hizo nada malo."
Luego añadió: "Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar."
Jesús le contestó: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso."
(Lucas 23:32-43)Había tres cruces en el Calvario.
Pocos se dieron cuenta en ese día, el día que se crucificó a Jesús. Pero había tres cruces.
En Cambio Interno, queremos tomar nota de las otras dos cruces porque una y otra vez en todas partes de los dos tercios del mundo que son pobres nos encontramos con las personas que fueron colgadas de ellas.
Tomemos un momento para leer con cuidado Lucas 23:32-43.
El día que se crucificó a Jesús, los que estaban al pie de la cruz contemplaban a Jesús con intensidad. Estaban allí para insultarlo o para sollozar.
Los que fueron para llorar se quedaron un poco retirados de la muchedumbre. Debieron haber mirado fijamente la silueta de la cruz, y pensaron "¿Cómo llegó a eso? Cómo llegaron todas las imágenes que formamos con nuestras ilusiones y sueños a reducirse a dos trazos sencillos..."
Los seguidores de Jesús habían estado trazando imágenes mentales por días -- imágenes extravagantes, imágenes fantásticas; imágenes de un despertar religioso, de justicia social, de un reino poderoso. Algunos se imaginaban liderando ejércitos, quitándose el yugo romano, volviendo en el tiempo a los años gloriosos de David. Otros formaron imágenes de ellos mismos como vanguardistas de un nuevo mundo.
Ninguno creaba imágenes de la cruz. Sin embargo, estas dos líneas sencillas que se juntan en la cruz forman la intersección de todo lo que es redentor en la historia. Así la cruz ha llegado a ser un símbolo que la iglesia ha tomado para representar la expresión última de la gloria de Cristo.
El día que se crucificó a Cristo, Juan, el discípulo estaba en la muchedumbre. Puedes estar seguro de que no esperaba que el amor empujara a Cristo a la cruz. Y no esperaba que en este momento de gran gloria de Jesús, los hombres que compartían las posiciones a su derecha e izquierda -- las mismas posiciones a las cuales habían ambicionado él y su hermano Santiago pocos días antes en el camino a Jerusalén (Marcos 10:35-37) -- que estas posiciones estarían ocupadas por dos ladrones comunes.
Pero es improbable que Juan estuviera reflexionando sobre estas cosas. No había llegado al Calvario por los otros dos.
Pero allí estaban... Había tres cruces en el Calvario.
“Porque se entregó a la muerte y fue contado entre los malvados, cuando en realidad cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores. " - Isaías 53:12
Consideren eso: fue el plan de Dios que su hijo naciera abrigado por un pesebre común y muriera en la cruz, abrigado por dos ladrones comunes.
¿Quiénes eran los ladrones? Nadie supo sus nombres ese día. Nadie los sabe.
No se colocaron allí con Cristo para ser conocidos, sino para ser presentados -- presentados como ladrones.
Es irónico que el día que murió Jesús fue un día rico en detalles registrados. Personajes que tuvieron papeles pequeños en la tragedia tienen nombres y descripciones. Tenemos a Simón de Cirene quien cargó la cruz de Jesús; Barrabás el Zelote, el asesino a quien se soltó en el lugar de Jesús. Tenemos a José de Arimatea, un miembro del Consejo que ayudó a sepultar a Jesús. Por el contrario, no tenemos ningún detalle acerca de los ladrones. Nadie recordó sus nombres ni de donde habían venido -- solo que eran dos.
¿No es cierto que siempre es así con los de abajo? Los pobres se enumeran mas no se nombran. Parece que conocemos acerca de la pobreza; es de los pobres de quienes no conocemos.
Pero afortunadamente, las maneras del hombre no son las maneras de Dios. Desde la perspectiva de Dios, dos hombres que solo Él recordaba fueron a la cruz y se enfrentaron cara a cara con el Hijo del Dios Viviente.
Démosle crédito al Reino Patas Arriba porque estos dos ladrones llegaron a ser los receptores del evangelismo final de Jesús. Démosle crédito a la fidelidad de Dios por su palabra de “muchos de los últimos serán primeros.”
De nuevo, ¿Quiénes eran esos hombres? No tenían nombres, ni historias. ¿Qué podemos inferir acerca de ellos? ¿Y finalmente, por qué los alzamos como un símbolo de Cambio Interno?
En sus evangelios, Mateo y Marcos los llaman "bandidos", un término que sugiere ladrones sociales. Los Estudiosos han sugerido que estos dos ladrones fueron rebeldes en contra del sistema, robando a los ricos y dando a los pobres.
Ciertamente había una tensión tremenda entre los ricos y los pobres en esos días. Palestina era un semillero de bandas en contra de la cultura que se oponían a la clase dirigente judía que se percibía como colaboradora de la autoridad romana. Mas del 90% de Palestina vivía en la pobreza o al margen. Lo que alimentaba la pobreza era un sistema doble de impuestos en el cual los judíos pagaban fuertemente al templo y al imperio.
Se puede especular que estos dos ladrones eran bandidos estilo Robin Hood, víctimas de la injusticia, obligados a una vida de robo.
Tal vez la información más confiable acerca de estos dos ladrones es lo que sale de sus propios labios. Ambos Mateo y Marcos anotan que durante las primeras dos horas en la cruz los dos ladrones "insultaban" a Jesús. Comparados con nuestra experiencia con los de abajo, estos dos parecen ser hombres duros en tiempos duros, más ladrones que revolucionarios sociales, hombres que respondieron a las realidades apabullantes de su día robando. (Lucas 23:41)
Bandoleros sociales o ladrones callejeros, estos dos hombres eran los pisoteados de quienes Jesús habló cuando empezó su ministerio en el templo proclamando Isaías 61. Ellos eran los enfermos que necesitaban un médico, aquellos a quienes nos dirigimos en Cambio Interno. Noten la continuidad aquí: Jesús empezó y terminó su ministerio llamando la atención sobre los desafortunados que habían escapado de la atención de la sociedad. Por esta razón recordamos hoy a los dos ladrones, e incluimos sus cruces con la cruz de nuestro Salvador como símbolo de Cambio Interno. En Cambio Interno, nos comprometemos a unirnos con Jesús en su encarnación a los pobres. Encontraremos a los dos ladrones muchas veces en este viaje. Tendrán nombres como Mario, Sergio, Sokny, y Derrick.
En Cambio Interno, el punto no es celebrar a los dos ladrones, ni condenarlos, sino celebrar a Jesús entre ellos. Igualmente, no es nuestra tarea justificar ni excusar a las personas marginadas de la sociedad. No estamos principalmente en la empresa de rehabilitar la imagen de los pobres sino en la de redimir a hombres y mujeres pobres.
¿Qué otras observaciones podemos obtener de estos dos hombres y de su encuentro significativo con Jesús? Permítanme compartir siete que veo. Primero: No nos encarnamos entre los pobres porque son los mejores. Vamos a ellos primero porque el mundo los relega para el final. Los dos ladrones nos muestran eso. Se nos presentan sin nombres, sin historia. Son solo números. Pero Dios no conoce a la gente de esta manera. Él inscribe nuestros nombres en la palma de su mano. Además, los que han sido números aquí serán nombres en el libro de la Vida, los que hayan llegado a conocerlo a Él.
Segundo punto. Los últimos no se encuentran menos perdidos que los primeros. John Dawson escribe, "La gente merece ser condenada." Los dos ladrones lo merecían. Y los dos ladrones lo sabían.
Las personas que no son pobres, quienes nunca han sido pobres, muchas veces especulan que la pobreza tiene sus ventajas. Algunos implican que la pobreza de alguna manera excusa a la gente por no conocer a Cristo. Que no cometamos ningún error en cuanto a esto: la pobreza tiene sus méritos espirituales, pero en sí no puede redimir.
Esta es la urgencia que nos obliga en Cambio Interno. Los pobres y pisoteados consistentemente siguen siendo las personas menos alcanzadas con el Único que tiene vida. Esto me lleva a un tercer punto acerca de la vida.
Así como los discípulos imaginaron un nuevo mundo en los primeros días emocionantes de Jerusalén, nosotros hemos sido animados a crear imágenes de cómo la vida debe ser según el sueño Americano. Estas imágenes han nublado nuestra doctrina. Estas imágenes se han entrometido en nuestro trabajo con los pobres.
En los Estados Unidos de América, y en la iglesia allí, nos han animado a ir detrás la buena vida y a aspirar a una mejor vida para nuestros hijos. Nos han amonestado a defender el estilo de vida Americana en la casa, y a promover la vida democrática en el exterior. En el lugar de trabajo, nos hablan de llevar una vida productiva. Más recientemente, con fallas tectónicas amenazando nuestra sociedad consumidora, nos aconsejan medir la calidad de vida y nos piden vivir una vida ecológicamente sana.
Muchas de estas causas son dignas, y en parte coinciden con las buenas nuevas de la vida de Cristo. Pero debemos dejar los adjetivos y modificaciones cuando trabajamos por Jesús. Primero y primeramente, Jesús quiere dar vida. Punto. Vemos esto en el encuentro entre Jesús y el ladrón -- hay arrepentimiento, y luego hay una promesa de vida. No se pasa el tiempo lamentando la desigualdad de clases, los sistemas políticos y las historias personales disfuncionales.
Mi cuarto punto empieza como una pregunta: ¿ De cuánta teología necesitó Jesús para redimir al ladrón?
La respuesta es, claro, "ninguna". Cuando examinamos la comunicación entre el ladrón y Jesús vemos únicamente una petición sincera para entrar al reino y la promesa de Jesús. Nada más. Lo que persuadió al ladrón a buscar y a encontrar a Jesús fue simplemente su presencia santa y recta.
Cambio Interno es primero que todo y principalmente un ministerio de "presencia". Nuestra Cristiandad es para las calles -- no para los archivos. Mientras viajamos entre los perdidos y ciegos seremos tocados. Yo creo que nuestra belleza estará en gran medida en que nos toquen. Nos hemos comprometido a ser las manos y los pies de Jesús. Recordemos, como nos recuerda J. Oswald Sanders, que estas manos y estos pies están atravesados por clavos.
Quinto: Llevando vida a las calles, no sólo nos tocarán, sino con frecuencia nos rechazarán y nos vituperarán las mismas personas entre quienes nos encontremos. Otra vez, los ladrones nos dan evidencia de eso. Los primeros dos evangelios dicen que ambos ladrones empezaron vituperando a Jesús. Solo uno llegó definitivamente a aceptarlo. Así que debemos tener cuidado con nuestras expectativas entre los pobres, cuidado en colocar nuestras expectativas hacia Cristo quien es fiel a su palabra aun cuando las personas no lo sean, y no hacia a los pobres quienes pueden o no recibirnos y a Él a quien nos envía.
Sexto: Como escribe Donald Kraybill, "Jesús no es el rey de asistencia pública." Podemos, como Jesús, estar tentados por convertir piedras al pan. Aun mientras Jesús se encontraba en la cruz, un ladrón lo tentó cruel y sarcásticamente de apartarse de su agenda, diciendo "Sálvate a ti mismo y a nosotros." Recordemos: Jeremías nos habla de tomar la causa del pobre. No nos habla de ser absorbidos por los pobres. Somos de Jesús, no de los pobres. Y Jesús es siempre primero el liberador del corazón humano, antes que un liberacionista.
Debemos tener la voluntad para declarar la palabra, no solo lo que sea popular en la palabra. Así que no acomodes a los pobres por cambiar la palabra. Del mismo modo, no acomodes a los ricos, quienes negarían a los pobres, por cambiar la palabra. Resiste la tentación de borrar los pasajes difíciles de la palabra. Humíllate a ti mismo, no a la palabra.
Finalmente: Dos tercios del mundo son pobres. Las estadísticas son realmente abrumadoras. Nos puede tentar caer en sentimientos de culpa o desespero. En nuestra culpa, podemos trabajar más fuerte -- como si todo dependiera de nosotros, no de Dios. Es que Satanás todavía trabaja ofreciendo el pecado original. Si no nos puede tentar ser como Dios por el orgullo, nos tienta ser como Dios y asumir su trabajo por medio de sentimientos de culpa y fe insuficiente.
No hay respuestas fáciles para los muchos que mueren espiritual y físicamente en la pobreza. Somos buenos Samaritanos en la carretera; muchas personas necesitan que los llevemos a la posada. Tenemos que dejar de unirnos a los Fariseos listos que observan el gran proyecto y dicen "¿Quién es mi Prójimo? ¿A quién debo ayudar?" Mas bien debemos aliarnos con el Samaritano y los insensatos por Cristo como Pablo el Apóstol y preguntar con humildad:
“¿Soy un prójimo, un vecino?" Y luego debemos prestarnos a actuar como un vecino, rápidamente y calladamente, trasteándonos a estos dos-tercios del mundo si fuere necesario.
Somos pocos en número, y posiblemente siempre lo seremos. Puede ser que nunca lleguemos "a la cima." Mas no debemos cansarnos de hacer buenas obras como buenos vecinos aun si no podemos leer nuestros nombres en las carteleras de la "gran película". Uno de nuestros lemas típicos en los primeros días de Cambio Interno sigue siendo igual de relevante hoy en día como lo era entonces: "El servicio no es el camino a la cima. Es la cima."
Algunos de ustedes pueden ser parte de pequeños equipos que no crecen o que se disminuyen. El impulso humano es a reaccionar negativamente. No siempre podemos saber porque pasamos por épocas difíciles. Pero eso sí digo, cuando leo la escritura veo que el remanente siempre es suficiente para hacer el trabajo de Dios.
Había tres cruces en el Calvario. Pocos se dieron cuenta ese día. Pocos se dan cuenta ahora.
Pero no tomamos nota de las otras dos cruces en nuestro símbolo para Cambio Interno primeramente para remediar el olvido del mundo --aunque podría ser un motivo poderoso. Tampoco incluimos las dos cruces para asignar una dignidad a los dos ladrones que vaya mas allá de los hechos. Eran hombres no mejores que nosotros -- hombres con necesidades; encima de todo, hombres que necesitan a Jesús. Tomamos las tres cruces como símbolo porque en este momento central de la gloria de Jesús, Dios demostró su prioridad con los pobres al compartir la atención con dos marginados. No tenemos que ampliar la escritura sobre este punto -- podemos simplemente dejar el hecho de la presencia de Cristo entre los pobres hablar por sí solo. Esta presencia es la que seguimos declarando.
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Traducción del Inglés 5/02